Santiago Roncagliolo: “La violencia se transforma pero nunca desaparece”

A Santiago Roncagliolo (Lima, 1975), uno de los escritores peruanos con más proyección de América Latina, también le cuesta pronunciar su apellido. En su familia, de puertas para fuera, dicen que es de origen italiano. Pero en realidad todos sospechan que se lo inventó un tatatarabuelo tunante y granuja que quería huir a Italia y […]

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A Santiago Roncagliolo (Lima, 1975), uno de los escritores peruanos con más proyección de América Latina, también le cuesta pronunciar su apellido. En su familia, de puertas para fuera, dicen que es de origen italiano. Pero en realidad todos sospechan que se lo inventó un tatatarabuelo tunante y granuja que quería huir a Italia y nunca lo consiguió. El autor de “Abril Rojo” y Premio Alfaguara de Novela 2006 pasó hace unos días por Panamá para presentar su último libro y compartir con Perro Verde su fijación por el miedo, la espina dorsal de todas sus historias.

PerroVerde: “La noche de los alfileres” es una novela sobre cuatro adolescentes que se vengan de un mundo que les trata mal por ser diferentes y que tiene como telón de fondo la violencia terrorista del Perú de los años 90, un escenario que se repite en la mayor parte de tus libros. Has dicho que es tu obra más autobiográfica, ¿por qué?

Santiago Roncagliolo: Hasta ahora he sido un escritor muy pudoroso, he hablado poco de mi vida en general.  Esta novela, sin embargo, está muy basada en lo que fue mi adolescencia, en lo que es ir a un colegio de curas en una sociedad muy violenta. Aunque tengo que decir que los curas eran los más civilizados, los salvajes éramos nosotros.

PV: ¿Es casualidad que hayas escrito sobre este pasaje de tu vida ahora que has pasado los 40?

la-noche-de-los-alfileresSR: Desde luego que no. Escribí la novela observando a mis hijos y pensando lo felices que son. En su entorno hay hijos de padres homosexuales, en el mío te golpeaban por ser gay. Sentí la necesidad de hacer una historia y de explicarles lo felices que son porque si nadie se lo dice seguramente no se vayan a dar cuenta nunca.

PV: Eres hijo de padres exiliados, viviste parte de tu infancia en México, pero cuando tenías 8 años volviste a Perú, un país que estaba bajo el yugo del grupo terrorista Sendero Luminoso, ¿cómo te influyó esa violencia?

SR: Cuando volví de México, Perú era un país en guerra, un país de apagones, de bombas. He crecido en la época de la Operación Cóndor, cuando las dictaduras de la región perseguían a los izquierdistas y los mataban. Muchas de esas personas pasaban por mi casa y luego desaparecían y nunca más las volvíamos a ver.  No es causal que mi tema por excelencia sean los miedos. Crecí con miedo, toda mi vida tuve miedo y lo olfateo cuando se acerca.

PV:   ¿Cuál es tu mayor miedo ahora?

SR: Mis miedos ahora tienen que ver con ser padre: ¿Qué pasa si fracaso? ¿Qué pasa si mi hijo no encuentra trabajo? ¿Qué pasa si lo hace mal?  ¿Qué pasa si me sale como uno de los protagonistas de la novela?

PV:  Y el mundo, ¿a qué tiene miedo?

SR: Europa, por ejemplo, es un continente atemorizado sin sentido. Es más posible que te maten de un balazo en cualquier lugar de América Latina y, sin embargo, están mucho más asustados los europeos que los latinoamericanos. Europa ahora mismo tiene miedo de los extranjeros, de los banqueros, de los refugiados, de los inmigrantes, del futuro, de sus pensiones. Me impresiona vivir en un sitio donde la calidad de vida es mejor que en cualquier otro lugar del mundo y donde la gente está mucho más atemorizada.

PV:  Saliste de Perú en el año 2000 y desde entonces vives en España, ¿cómo es el Perú que dejaste y cómo es el Perú que ves ahora?

SR: Es otro planeta, con ilusión, con ganas de hacer cosas, con ganas de vivir. Yo crecí en un país en el que la gente pensaba que todo era imposible y que no tenía sentido ni emprender ni intentar nada. Esa es una de las razones por las que me fui.  Y lo que estoy viendo ahora es que la gente ya no quiere irse masivamente, es más, hay muchos españoles que están llegando a Perú.

img_1889PV: ¿Sigue siendo un país violento?

SR: Muchísimo. No es Brasil, Venezuela o El Salvador, pero no deja de ser un sitio donde vas por la calle y puede que te atraquen con una pistola. La inseguridad, de hecho, es una de las razones que explican el voto por Keiko Fujimori. Mucha gente todavía considera que la manera de acabar con la inseguridad es cargarse los límites de la democracia. Eso es lo que hizo Alberto Fujimori.  Hay gente que prefiere perder democracia y ganar seguridad.

PV:   Muchos de tus lectores dicen que tus historias se pueden extrapolar a cualquier país de América Latina a pesar de que están ambientadas en Perú.

SR: Los temas de los que hablo no tienen que ver con peruanos, tienen que ver con seres humanos. Me interesan los miedos y no hay nada más universal que el miedo. En el caso de América Latina, la violencia es común en todos los países: antes era la guerrilla, luego el narcotráfico, la delincuencia común… La violencia está en el ADN de los latinoamericanos, se transforma pero nunca desaparece.

PV:  Llegas a Panamá en un momento en el que el país se está recuperando de uno de los mayores escándalos de su historia reciente, los papeles de Panamá, que han revelado las artimañas de los ricos del mundo para esconder su dinero.

SR: Los papeles de Panamá serían un buen tema para un thriller político, aunque a mí sobre todo me enfada que los que más tienen no pagan impuestos como el resto porque tienen dónde esconder el dinero. No creo que Panamá merezca ser esa cueva de ladrones, esto no es Islas Vírgenes o Islas Caimán, esto es un país con historia, con cultura. El capitalismo sigue siendo lo mejor que se nos ha ocurrido hasta el momento, pero no es perfecto y una de sus imperfecciones más serias son los paraísos fiscales.

PV:   Dos de tus novelas se han llevado al cine, Pudor y Abril Rojo, ¿te gusta ver tus historias en la pantalla? ¿Qué tipo de escritor eres: de los meticulosos que supervisan cada detalle de la película o de los que se esperan al día del estreno?

SR: No superviso principalmente porque nadie me hace caso. Me pagan para que me calle, básicamente, hahahaha. La experiencia de la lectura no es igual que la experiencia del cine, pero me gusta y me interesa ver qué hace el director con la historia. Además, si le cedo los derechos a un director, generalmente es porque confío en su mirada. Hay muchos escritores que se quejan de lo que han hecho con su obra, pero ninguno rechaza nunca el cheque final, hahaha.

PV:  Has dicho que no te interesa escribir novelas que solo pueda entender alguien que tiene un doctorado y que creciste en una América Latina cuyos escritores despreciaban géneros como la novela policíaca o el thriller, ¿crees que sigue existiendo ese esnobismo, esa arrogancia, esa altura intelectual en el mundo de los escritores?

SR: Por supuesto y cada vez más. Estamos viviendo una revolución literaria en América Latina no por los escritores sino por los lectores. Por primera vez, todo el mundo ha ido al colegio y ha surgido una gran masa de lectores que quiere disfrutar de la lectura con mucha frescura, con mucho dinamismo. Si la literatura es solo un entretenimiento de gente doctorada se vuelve oscura e inaccesible.

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