La vida sin sexo

Aprende a diferenciar vírgenes, célibes y antisexuales con Lola G. Y descubre lo último en la metafísica del no copular: los asexuados.

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Además de los casados que hace años que no practican sexo, y algunos solteros que no levantan ni sospechas, existen otros grupos que tampoco lo prueban. Aunque parezca mentira, en esta sociedad definida por algunos como hipersexualizada, hay miles de personas que por su naturaleza, creencias, genética o decisión propia, no hacen el amor.

Hay que diferenciar entre los que viven sin sexo una temporada y los que se mantienen asépticamente des-erotizados for ever and ever. Todos hemos sido vírgenes, lo único que unos se estrenaron antes, otros después y algunos se demoraron. Pero lo cierto es que, este estado de pureza sexual, suele tratarse de una fase vital transitoria que se pasa con el tiempo. Hasta los mismísimos castos, que esperan pacientemente hasta el matrimonio, acaban pasando por el aro.

Pero, ¿ocurre lo mismo con los célibes? Primero definamos qué eh lo que eh. La palabra viene del latín (caelebs, caelibis) y se refiere al estado de aquellos que no se casan o que no tienen una pareja sexual (no confundir con el soltero/a de hoy, que puede tener 1, 2, 3,5 ó 27 relaciones sexo-afectivas diferentes sin problemas). El celibato tiene que ver con una opción de vida. Existen, sobre todo, motivos religiosos. Curas y monjas católicos, monjes budistas y parejas laicas que prescinden del sexo, estarían en el trendin topic de la abstinencia. Posteriormente estaría el celibato filosófico onda Platón y los motivos sociales. En Japón, por ejemplo, están muy preocupados con lo que han llamado el síndrome del celibato. Según el Instituto Nacional de Población Japonesa, el 61% de los hombres solteros y el 49% de las mujeres de 18 a 34 años no mantienen ningún tipo de contacto erótico.

Por otro lado están los antisexuales. Estos creen que el sexo es algo malo y que podría evitarse. Ni qué decir tiene que en los momentos álgidos de la revolución sexual, esta corriente tomó fuerza como contraposición al libertinaje y el desenfreno. Hoy en día, las causas son diversas: fobia al acto sexual, desagrado por compartir fluidos corporales, asociación del sexo con conductas adictivas (como las drogas) o como fuente de enfermedades venéreas, etc. Hay quien cree que de la sexualidad a ser un pervertido/a, solo hay solo un paso. E incluso algunos aseguran que esto del sexo es una mentira, el opio del pueblo para tenernos entretenidos.

Y por último están los asexuales, la última moda en tendencias no eróticas. El precursor de esta corriente es Anthony F. Bogaert, académico de la universidad canadiense de Brock especializado en el estudio de la sexualidad humana. La asexualidad se define como una falta persistente de deseo sexual hacia los demás. Y su ejemplo más conocido es el personaje de ficción Sheldon Cooper de la serie The Big Bang Theory. No es una opción de vida (célibes) y no es una fobia o una creencia (antisexuales). Los practicantes de la asexualidad, lejos de ver sus casos como un trastorno, hablan de ello como una orientación sexual equiparable a la heterosexualidad, homosexualidad, bisexualidad, transexualidad o intersexualidad.

Según el movimiento de axesuados AVEN (Asexual Visibility and Education Network), o popularmente conocidos como los amebas, la asexualidad es una falta de atracción sexual pero no necesariamente de apetito erótico. Esto significa que las personas asexuales pueden masturbarse y hacer el amor de vez en cuando, o incluso tener pareja, pues ser asexual no significa no necesitar contacto ni prescindir del enamoramiento. “El sexo no me ofende y no me parece mal que otros lo practiquen. Simplemente me es totalmente indiferente”, dice uno de los miembros de AVEN. Pues si a ellos les parece bien, a nosotros también.

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Lola G.

Lola es dulce, es libre y sensual y, por las noches, ladra en el Casco a la luz de las velas. Le gusta escribir, provocar y hablar claro, pero cuidado, no la provoques demasiado que muerde.

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