Arte urbano por los derechos de la mujer

El movimiento ‘Women on walls’ comenzó en Egipto, se extendió a Oriente Medio, y es la voz de las mujeres árabes reclamando en los muros su derecho a la igualdad.

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Son mujeres, son árabes, tienen voz, su mirada también cuenta, y el arte es la herramienta que utilizan para transmitir lo que sienten. Su cruzada es graffitera y se conoce como Women on Walls (WOW): pintan paredes que hablan de ellas. Todo comenzó en Egipto durante lo que se conoció como la Primavera Árabe y continúa hasta hoy. El movimiento no ha parado, sigue su rumbo impulsado por la razón, algo natural si consideramos que hay mucho que hacer y decir en países en los que la mujer permanece en silencio, amordazada por siglos de incomprensible dominio masculino.

El graffiti, una de las manifestaciones artísticas más extendidas en el mundo cuando se quiere propagar sentimientos de protesta, difundir mensajes de rebelión política, llegar a la gente a través imágenes potentes pintadas en muros, fue un recurso poderoso en el Egipto del 2011, más concretamente a partir del 25 de enero, cuando la revolución provocó la renuncia del presidente Hosni Mubarak tras 28 años de Gobierno. En aquella época, las paredes del país se llenaron de pintadas satíricas, de burlas a los líderes políticos y militares, de murales con figuras faraónicas y bíblicas invitando a la gente a reconectarse con un pasado glorioso. Aquellos graffiteros eran mayoritariamente varones, pero con el paso del tiempo, y con cierta timidez, apareció el proyecto Harimi (antecesor de Women on Walls), que concedió más presencia a la figura femenina, otorgándoles una mayor visibilidad en los espacios públicos, conquistando aquellas paredes que hablaban a través del color, la imaginación, la creatividad y el realismo más crudo.

Pero no fue fácil. Las mujeres continuaron siendo excluida de los procesos políticos, eran atacadas violentamente en espacios revolucionarios como la plaza Tahrir, y tratadas como meros objetos sexuales gracias al estereotipo imperante que las considera inferiores al hombre. Fue entonces cuando nació Women on Walls, con el objetivo de educar al público sobre la situación de las mujeres árabes y promover sus derechos utilizando como plataforma el arte urbano.

Mia Gröndahl, periodista sueca y documentalista de arte callejero, y Angie Balata, gestora local del proyecto fueron las que iniciaron la aventura con un libro explicando este incipiente fenómeno. Así nació WOW. En abril de 2013, cerca de 40 artistas participaron en campañas en El Cairo, Alejandría, Luxor y Monsoura, comenzando a dar forma al movimiento de las mujeres árabes graffiteras que, por fin, tenían el valor de hablar después de tanto silencio. El programa incluía la organización de talleres en la localidad de Anafora, donde se analizaban temas sensibles relacionados con problemas de género y cómo llevarlos a las calles. Posteriormente, los artistas regresaban a sus ciudades para diseñar piezas en las que reflejaban lo aprendido.

En 2014 se llevó a cabo la segunda edición y el movimiento comenzó a expandirse por la región. Aquel mismo año, WOW, en colaboración con el teatro Al Balad, organizó el primer festival de arte urbano en Amman (Jordania) bajo el lema “ Del miedo a la libertad”. Veinticinco artistas graffiteros de Egipto, Jordania, Catar, Bahrain, Palestina, Yemen y Siria pintaron el muro más largo de Oriente Medio en apoyo a las mujeres y sus derechos.

Hoy, el proyecto continúa consolidándose, ya no se trata de un ensayo idealista, es la voz de la mujer de esa región del mundo que se revela en forma de inspiración artística. No las verás nunca pintando solas, porque temen el acoso al que aún están expuestas. Las encontrarás encaramadas en escaleras, andamios, grúas, lanzando su mensaje a la sociedad, esa sociedad que las mantuvo ocultas detrás de las mismas paredes que ahora ellas pintan con optimismo.

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Vilma Ortiz

Geminiana ecléctica de edad indefinida, puede escribir los versos más tristes por la noche y levantarse alegre como unas castañuelas. Tiene un gato que se llama Valentino, se dedica a la comunicación y en sus ratos libres cocina con mucho amor buscando el nirvana. Hace tiempo le regalaron un perfume con feromonas, pero lo cambió por otra cosa.

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