El cantante Gustavo Cordera: “hay mujeres que necesitan ser violadas”

El ex vocalista de una de las bandas más populares de Argentina durante dos décadas se enfrenta a los efectos de su repudiable incontinencia verbal.

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Se llama Gustavo Cordera, fue cantante de la banda argentina Bersuit Vergarabat, tiene 55 años y ha abierto la boca para soltar la siguiente joya: “Hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo, porque son histéricas y sienten culpa por no poder tener sexo libremente”.

Bien Cordera, bien por ti, genio del Neozoico. El individuo, sin embargo, no paró ahí. Cuando le preguntaron qué pensaba sobre las denuncias interpuestas a otros dos músicos locales por supuestos abusos sexuales, continuó con su particular cátedra de filosofía pleistocena: “Es una aberración de la ley que si una pendeja de 16 años con el coño caliente quiera coger con vos, vos no te las puedas coger”. Vulgar, aterrador, espeluznante Cordera, a quien evidentemente nadie le advirtió de que ya se puede bajar del árbol, caminar erguido y comer con cubiertos.

El episodio tuvo lugar esta semana durante una charla con estudiantes de periodismo en la escuela TEA (Buenos Aires, Argentina). Un alumno que participaba en el encuentro, estupefacto al oír estas salidas de tono del cantante, las publicó en su Facebook. Hubo más, como “a mí lo discursivo no me dice nada de los derechos de la mujer. A mí háblame de cómo te sientes y te entiendo, pero si me hablas de los derechos no te escucho porque no creo en las leyes de los hombres, sí en las de la naturaleza”. No tengo dudas de que al músico le pasa algo, y no precisamente bueno.

Los desvaríos de Cordera generaron torrentes de críticas y repudio en los medios, él solito se ganó el odio masivo. Es muy difícil justificar frases como esas, sobre todo cuando las pronuncia alguien que durante años enarboló la bandera de los derechos humanos, la justicia, la igualdad, en fin, un personaje antisistema luchando por una sociedad más justa.

Por supuesto el hombre al que se le fue la cabeza salió a intentar enmendar su rotunda metida de pata, algo que resulta a todas luces imposible. Veamos algunos de sus argumentos: “lo sacaron de contexto”, una excusa demasiado utilizada cuando no hay otro recurso, ya no cuela Gustavito. Va la segunda: “Fue un ejercicio de psicodrama”, eso tampoco amigo, te llamaron para participar de un conversatorio con estudiantes de periodismo, no estabas en el diván de tu psi. Cuidado que llega la tercera: “estaba teatralizando”. ¿De verdad era eso? ¿Crees que somos tan ilusos? No en esta nave, hermano.

Por mi parte y analizando la demo de misoginia de Cordero, creo que se le pasaron los fideos, es decir, tras años de disfrutar de la admiración y fervor de los seguidores se le cayó encima el calendario y, de pronto, se despertó con 55 años. Ya no es el jovencito que atrae fans (sobre todo chicas jóvenes) y ahora se aferra a la ilusión del forever young con uñas y dientes. Frente a una audiencia de gente veinteañera ahí estaba él, en su papel de chico madurito extrovertido, informal, políticamente incorrecto, queriendo demostrar que está más allá del bien y del mal.

Ha intentado justificar lo injustificable, ha pedido perdón, ha declarado que se siente un pelotudo, dice que él y su familia han recibido amenazas a través de las redes y por teléfono. De momento le han cancelado conciertos, la radio Rock & Pop dejará de pasar su música y se enfrenta a denuncias de asociaciones de defensa de los derechos de las mujeres, de lucha por la igualdad de género y del Consejo Nacional de la Mujer.

Cordera, si me lees mueve una ceja: para hacerse oír, a veces hay que cerrar la boca. No es mío, es de Stanislav Jerzy Lec.

 

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Vilma Ortiz

Geminiana ecléctica de edad indefinida, puede escribir los versos más tristes por la noche y levantarse alegre como unas castañuelas. Tiene un gato que se llama Valentino, se dedica a la comunicación y en sus ratos libres cocina con mucho amor buscando el nirvana. Hace tiempo le regalaron un perfume con feromonas, pero lo cambió por otra cosa.

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